Comunicado 1

16 años de Babau: la carta más difícil

Es, probablemente, el texto más difícil que hemos tenido que escribir en 16 años de vida de Babau.

Durante todo este tiempo hemos vivido de todo: momentos mágicos y momentos muy duros. Hemos crecido, hemos innovado (sí, somos los de los bolsos con luz interior), hemos llegado lejos… pero también hemos cometido errores. Y hoy toca hablar claro, con el corazón en la mano.

Siempre hemos dicho lo mismo: no somos grandes empresarios; somos buenos trabajadores. Buenos diseñando, creando, innovando, cuidando el producto y a nuestras clientas. Pero la gestión de los números —que es vital para la salud de cualquier empresa— no la hemos sabido llevar como deberíamos. Y eso, con los años, pasa factura.

Una historia muy personal

También sabemos que, según los “manuales de empresa”, nunca deberías mezclar trabajo, familia y amigos. Pues bien, nosotros lo hicimos todo al revés desde el primer día.

Lluís y yo somos amigos desde hace casi toda la vida. La primera persona que trabajó con nosotros fue Rosa, y el segundo, su hijo, Víctor. Berta, prima de Lluís, fue quien dio las primeras puntadas Babau con una máquina de coser, utilizando una de la universidad donde estudiaba diseño —cuando nosotros aún ni siquiera teníamos taller propio. Y Laura era la madre de una compañera de clase de mi hijo mayor. La única que llegó por esas maravillosas casualidades de la vida fue Judit, que enseguida se convirtió en una parte esencial de nuestro pequeño universo.

Es decir: Babau siempre ha sido una familia antes que una empresa. Bueno, quizá “familia” no sea la palabra exacta. Es una forma de hablar, y a menudo se usa con demasiada ligereza. Pero lo que sí es cierto es que todas han sido parte de Babau, parte de nuestras raíces. Han sentido Babau como algo suyo, y eso —para Lluís y para mí— ha sido muy, muy importante. Esa implicación, esa forma de hacer, es lo que ha dado sentido a nuestro camino durante todos estos años.

Decisiones difíciles

Hemos pasado por muchas situaciones en las que, por salud económica, habríamos tenido que tomar decisiones más radicales: reducir, reestructurar o prescindir de alguien cuando las circunstancias lo exigían. Pero muchas veces no las hemos tomado por culpa del corazón. Y quizá también porque, por comodidad, nos hemos aferrado a un futuro demasiado optimista —a esa idea de que “seguro que irá mejor”, de que todo remontará de alguna manera. Pero la realidad es tozuda y nos ha pasado factura.

Y cuando decimos “factura”, lo decimos en todos los sentidos

Antes de llegar hasta aquí, hemos pasado por etapas muy duras también a nivel personal. Durante muchos meses (casi un año), Lluís y yo hemos sido los últimos de la lista: antes siempre iban los sueldos, los proveedores, los gastos… y nosotros al final. Lo decimos sin queja, porque es nuestra responsabilidad y porque creemos que una empresa, grande o pequeña, debe ser coherente con las decisiones que toma y asumir sus consecuencias.

Por eso, a veces, cuando alguien habla de nosotros con ligereza —como si todo esto fuera fácil, como si “hacer bolsos” fuera solo eso y encima nos estuviéramos enriqueciendo—, se te escapa una sonrisa cansada y piensas: si supieras todo lo que hay detrás, todo lo que hemos vivido para mantenerlo vivo...

El golpe final

Durante la pandemia, como tantas empresas, convertimos nuestros productos bancarios en líneas ICO: son créditos con aval público (el Estado garantiza parte de la deuda), que durante un tiempo reducen el riesgo para el banco y dan aire a las empresas. Ese aire nos ayudó… pero en 2025 esos avales se han terminado, y cuando el aval desaparece, el banco deja de ver la misma “seguridad”. Traducido: menos servicios, menos crédito, más presión. No hace falta entrar en cifras, pero ha sido un golpe duro.

A todo esto se suma el contexto del país y del sector. Vivimos en un entorno donde el ladrillo y los servicios pesan muchísimo, mientras que la industria —y en nuestro caso, la fabricación de accesorios— se ha ido deslocalizando. Fabricar aquí es caro, y cada año lo es un poco más. El resultado es evidente: si quieres mantener la calidad y hacerlo aquí, el coste es alto y, si quieres seguir vendiendo en este mercado, el margen se vuelve mínimo.

Los hábitos de consumo también han cambiado: el retail ha sufrido, y en muchas tiendas de producto sostenible o de “bolsos y viaje” hay una frontera psicológica muy real —por encima de los 100 € la venta se desploma. Nosotros solemos ser “los caros de la estantería”, porque somos de los pocos que fabricamos aquí y con un estándar de calidad que no queremos traicionar.

El momento más duro

Todo esto desgasta. Pero el golpe definitivo llegó después de Semana Santa de este año, cuando los bancos nos dijeron que no. Que se había acabado. Que teníamos que buscarnos la vida.

Y llegó el momento más duro que hemos vivido en Babau: tomar decisiones drásticas y asumir todas las consecuencias. Antes de llegar a ese punto, intentamos de todo: reducciones de horas, reorganización de tareas, ajustes internos… cualquier fórmula que nos permitiera mantener el equipo completo. Pero, a pesar de todos los esfuerzos, no funcionó. Las cifras no salían y el margen de maniobra se había agotado. Y al final, no hubo alternativa posible: tuvimos que despedir a todo nuestro equipo, personas que han sido mucho más que trabajadoras.

Han sido conversaciones largas, honestas, llenas de lágrimas. Y aun así, se han comportado de manera ejemplar: entendieron la situación, nos lo pusieron lo más fácil posible y solo podemos agradecerles profundamente todo lo que han hecho por Babau.

Orgullo y gratitud

También queremos recordar algo bonito que nos hace mucha ilusión: Rosa pudo jubilarse “en Babau.” Era un sueño que parecía imposible cuando empezamos, y nos emociona pensar que estos 16 años también han servido para que personas como ella llegaran a esa meta.

Pero no solo eso: durante todo este tiempo las familias también han crecido. Hemos visto cómo Víctor, el hijo de Rosa, se independizaba y empezaba una nueva etapa con su pareja, cómo ha ido creciendo profesionalmente —y eso nos llena de orgullo. Hemos visto cómo Lluís tuvo una hija, cómo yo he tenido tres hijos, cómo otras compañeras han tenido sus propios hijos (ocho en total)... Hemos compartido vida, alegrías, etapas y cambios. Y poder decir que Babau ha formado parte de todo eso, que ha acompañado esas historias familiares, es para nosotros un orgullo inmenso.

Volver a los orígenes

Hoy, hemos vuelto a los orígenes. En el taller estamos los dos de siempre, Lluís y yo. Trabajamos con tres talleres externos que nos ayudan con la producción (como ya hacíamos antes), pagándoles por pieza como en cualquier taller; pero el día a día de Babau lo llevamos los dos: diseñar, cortar, coser cuando podemos, soldar, patronar, fotografiar, editar, escribir, atender clientas, preparar la web, mantener la tienda online, gestionar pedidos, logística, publicidad, números… todo.

Eso significa que llegamos hasta donde llegamos. Que habrá días en los que tardemos un poco más en responder, en publicar fotos nuevas o en lanzar una campaña. No es desidia ni desorden: es que somos dos haciendo el trabajo de muchos.

Os pedimos paciencia y os damos gracias por la comprensión. A pesar de todo, seguimos aquí. No podemos —ni queremos— “bajar la persiana.” Tenemos compromisos que cumplir, y sobre todo tenemos una marca que amamos y una comunidad que nos ha sostenido durante 16 años.

Esto no es un final, es un punto y seguido.
Un parar, contar la verdad y empezar de nuevo, mejor.

Por qué lo contamos

Podríamos haber callado, seguir como si nada y simplemente adaptarnos. Pero eso no sería Babau.

Contamos todo esto por coherencia, porque necesitábamos ser sinceros con la gente que nos ha acompañado tanto tiempo. Porque nos hace sentir mejor decir la verdad y compartir lo que vivimos con todas las personas que forman parte de nuestra comunidad —tanto si nos han comprado una vez como si nos siguen desde hace años.

Pero también porque creemos profundamente que el valor de una pieza cambia cuando conoces su historia: quién la ha hecho, cómo se ha hecho y por qué existe. Cuando añades contexto, emoción y honestidad, el objeto deja de ser un producto y se convierte en algo con alma, con un valor que va mucho más allá de su precio.

En Babau, la relación con la verdad siempre ha sido muy estrecha. Y hoy, más que nunca, queremos que esa siga siendo la base de nuestro camino.

— Dani y Lluís
BABAU Barcelona